jueves, 6 de febrero de 2014
BIOGRAFIA DE EUGENIO ESPEJO
Eugenio Espejo nació en Quito el 21 de febrero de 1747. Sus padres fueron Luis Chuzig (indígena peruano) y María Catalina Aldás (mulata quiteña). Estudió en el colegio jesuita de San Gregorio y en la Universidad de Santo Tomás. En 1767 se recibió como doctor en Medicina y en 1770 como doctor en Derecho. Fue un gran lector de obras clásicas de la antigüedad, Edad Media y la Ilustración.
Ejerció la medicina en Quito desde 1772. A la vez redactó textos médicos, filosóficos y literarios de gran calidad. También escribió artículos criticando a los autoridades que descuidaban la higiene pública y a los sacerdotes que manejaban sin criterios técnicos los hospitales de la ciudad. Esto le ganó enemigos que hicieron que lo encarcelen temporalmente en 1787.
En 1791 ayudó a Juan Pío Montúfar en la creación de la Sociedad Patriótica de Amigos del País de Quito. En 1792 editó el diario Primicias de la Cultura de Quito (1792). Sus artículos donde denunciaba a las autoridades ignorantes y corruptas le valieron ser encarcelado nuevamente en 1794. En prisión enfermó de disentería y le permitieron regresar a su casa para morir el 27 de diciembre de 1795.
sábado, 1 de febrero de 2014
EL TREN DE LA VIDA
EL TREN DE LA VIDA
(Aportación de nuestra amiga Sonia Campos)
Hace tiempo. leí un libro que comparaba la vida con un viaje en tren. Una lectura extremadamente interesante, cuando es bien interpretada.
La vida no es más que un viaje en tren, repleto de embarques y desembarques, salpicado de accidentes, sorpresas agradables en algunos casos y de profundas tristezas en otros. Al nacer nos subimos al tren y nos encontramos con algunas personas, las cuales creemos que siempre estarán con nosotros en este viaje (nuestros padres).
Lamentablemente la verdad es otra. Ellos se bajarán en alguna estación dejándonos huérfanos de su cariño, amistad y su compañía irreemplazable.
No obstante, esto no impide que se suban otras personas que serán muy especiales para nosotros. Llegan nuestros hermanos, amigos y esos amores maravillosos.
De las personas que toman este tren, habrá también los que lo hagan como un simple paseo. Otros encontrarán solamente tristeza en el viaje. Y habrá otros que, circulando por el tren, estarán siempre listos en ayudar a quien lo necesite. Muchos al bajar, dejarán una añoranza permanente. Otros pasarán desapercibidos, que ni siquiera nos daremos cuenta que desocuparon el asiento.
Es curioso que algunos pasajeros, quienes nos son más queridos, se acomodan en vagones distintos al nuestro. Por lo tanto, se nos obliga hacer el trayecto separados de ellos. Desde luego, no se nos impide que durante el viaje, recorramos con dificultad nuestro vagón y lleguemos a ellos. Pero lamentablemente, ya no podremos sentarnos a su lado pues habrá otra persona ocupando el asiento. No importa; el viaje se hace de este modo: lleno de desafíos, sueños, fantasías, esperas y despedidas… Pero nunca habrá regresos.
Entonces hagamos este viaje de la mejor manera posible. Tratemos de relacionarnos bien con todos los pasajeros, buscando en cada uno lo mejor de ellos. Recordemos siempre que en algún momento del trayecto, ellos podrán titubear y probablemente precisaremos entenderlos. Nosotros también titubearemos y habrá alguien que nos comprenda.
El gran misterio, al fin, es que no sabremos jamás en qué estación bajaremos y mucho menos dónde bajarán nuestros compañeros, ni siquiera el que está sentado en el asiento de al lado.
Me quedo pensando si cuando baje del tren, sentiré nostalgia… creo que sí.
Separarme de algunos amigos de los que hice en el viaje será doloroso. Dejar que mis hijos sigan solos, será muy triste. Pero me aferro a la esperanza de que, en algún momento, llegaré a la estación principal y tendré la gran emoción de verlos llegar con un equipaje que no tenían cuando embarcaron. Lo que me hará feliz, será pensar que colaboré con que el equipaje creciera y se hiciera valioso.
Amigo mío, hagamos que nuestra estancia en este tren sea tranquila y que haya valido la pena.
Hagamos tanto, para que cuando llegue el momento de desembarcar, nuestro asiento vacío, deje añoranza y lindos recuerdos a los que permanezcan en el viaje.
A tí, que eres parte de mi tren, te deseo un… ¡¡¡Feliz viaje!!!.
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